Hoja de Vida: el nombre

Sabemos que la hoja de vida es un resumen escrito y ordenado de nuestra capacitación profesional y de la  experiencia laboral que poseemos.

De su correcta elaboración y presentación, dependerá el éxito en nuestra búsqueda de empleo; el objetivo principal de la misma será presentarnos ante el potencial empleador y brindar información sobre nosotros que posibilite una entrevista posterior.

Antes de revisar la hoja de vida y entrevistarnos, la primera idea que tienen los empleadores de nosotros es nuestro nombre.

Como es de suponer,  este aspecto puede abrir o cerrar oportunidades, incluso incidir en el salario.

La euforia, la moda o la emoción del momento pueden influir en el nombre que los padres les ponen a sus hijos; estudios realizados muestran que las personas “sin tocayo” terminan en muchos casos pagando un costo muy elevado por la originalidad de sus padres debido a que tener un nombre atípico puede tener consecuencias sobre los ingresos laborales.

Muchas veces la selección de un nombre también se guía por los protagonistas del momento. La televisión y el mundo del espectáculo ponen de moda ciertos personajes que la gente tiene en cuenta para elegir el nombre de sus hijos.

En un estudio realizado por la Universidad de Los Andes “Las Consecuencias Económicas de un Nombre Atípico. El Caso Colombiano”, se establece que los “sin tocayo” no están distribuidos aleatoriamente en la población.

Los nombres atípicos o idiosincrásicos no se asignan al azar: son escogidos por los padres o por otros familiares y la escogencia puede estar asociada con el ingreso, la educación y otras características socioeconómicas”, indica el documento.

Lo importante es que en el que estudio  se concluye que un nombre atípico puede llegar a afectar el salario y las oportunidades de empleo o causar discriminación entre socios, clientes o proveedores.

Según el estudio de Los Andes, “los datos analizados muestran que, en igualdad de circunstancias, esto es, después de controlar por la educación de los padres, el género, la edad, la afiliación racial o étnica y el lugar de residencia, los “sin tocayo” tienen un salario entre 10% y 20% menor que sus contrapartes”.

Así mismo, señala que con base en un experimento en el que se tuvieron en cuenta 5.000 hojas de vida y 1.300 clasificados de periódico, en promedio, los candidatos con nombres conocidos deben enviar diez hojas de vida para recibir una llamada para entrevista, mientras que los candidatos con nombres atípicos deben enviar 15.

Para algunos consultores, tener un nombre común no constituye un requisito para entrar a trabajar como tampoco es un impedimento el tener un nombre atípico. Sin embargo, reconoce que en ciertas posiciones sí reduce las posibilidades de contratación.

De acuerdo con el estudio de Los Andes, los nombres más comunes para hombre son José, Luis, Carlos y Jaime. Entre tanto, para las mujeres son María, Ana, Luz y Carmen.

Por su parte, algunos de los nombres “sin tocayo” para hombres son Adulsimenes, Brocardo, Cervuno, Delfor, Filiperto, Mercedario, Teodosio, Vespaciano, Wensislao, Zaddyel, entre otros.

Igualmente, para las mujeres son Adripina, Belkyss, Cilenia, Deyanire, Flaxila, Magnory, Ofelmina, Tarciza, Villely, Wualdetrudis, entre otros.

Según el análisis, en Bogotá el porcentaje de hombres con nombres atípicos es de 7,7% resultado de una encuesta a 22.949 hogares y 85.150 individuos.

 

 

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